Adicción a sustancias
Adicción a los opiáceos
Los opiáceos abarcan desde la heroína hasta analgésicos recetados como la codeína, el tramadol o la oxicodona. Generan una dependencia física rápida e intensa, y cada vez más casos empiezan con una prescripción para el dolor que se va de las manos. Es una adicción que afecta tanto al cuerpo como al ánimo, y que rara vez se sostiene sola.
Qué es la adicción a los opiáceos
La adicción a los opiáceos es un trastorno en el que el consumo deja de estar bajo control pese a sus consecuencias. Estas sustancias actúan sobre los receptores opioides del cerebro, aliviando el dolor y produciendo una sensación de bienestar; con el uso repetido, el organismo desarrolla tolerancia y necesita más cantidad para el mismo efecto, y aparece una dependencia física marcada. Dejarlos provoca un síndrome de abstinencia intenso que, aunque rara vez es mortal por sí solo, resulta muy difícil de superar sin apoyo clínico. Existe tratamiento eficaz y la recuperación es posible.
Señales y síntomas
El diagnóstico lo establece siempre un profesional, pero estas son las señales que con más frecuencia llevan a consultar:
- Necesitar cada vez más cantidad para notar el mismo efecto (tolerancia).
- Malestar intenso al dejarlo: dolores, sudores, náuseas, ansiedad e insomnio (abstinencia).
- Deseo intenso de consumir (craving) que cuesta apartar de la mente.
- Tomar el analgésico más allá de la dosis o el tiempo prescritos por el médico.
- Acudir a varios médicos o farmacias para asegurarte el suministro.
- Intentos repetidos y sin éxito de reducir o dejar el consumo.
- Dedicar buena parte del día a conseguir, consumir o recuperarte de sus efectos.
- Mantener el consumo pese a los problemas de salud, económicos o familiares que provoca.
Factores de riesgo
- Tratamiento prolongado con analgésicos opioides para el dolor crónico.
- Antecedentes de adicción a otras sustancias.
- Ansiedad, depresión, trauma u otros trastornos de salud mental concurrentes.
- Consumo simultáneo de alcohol o benzodiacepinas, que multiplica el riesgo vital.
- Vía de consumo de acción rápida (inyectada o fumada).
- Entorno con acceso fácil a la sustancia y normalización del consumo.
Cómo lo abordamos
Con los opiáceos el cuerpo manda al principio: la dependencia física es tan fuerte que sin estabilizarla no se puede trabajar nada más. Nuestro punto de partida es contener la abstinencia con criterio médico y, a partir de ahí, entender qué sostenía el consumo. Por eso trabajamos desde la patología dual, con psiquiatría y psicología coordinadas, atacando a la vez la dependencia y el dolor físico o emocional que la alimenta.
Cómo lo tratamos en el centro
Toda intervención parte de una valoración psiquiátrica y psicológica que define el plan y el manejo de la abstinencia, con la supervisión médica que estos casos requieren. En paralelo trabajamos la prevención de recaídas y la patología dual asociada, con técnicas de eficacia probada como la terapia cognitivo-conductual y la entrevista motivacional. Según la intensidad de cada caso, el tratamiento se desarrolla en el Programa de Contención Intensivo, en formato ambulatorio o en el centro de día, con acompañamiento a la familia durante todo el proceso.
Qué puedes esperar
La recuperación de una adicción a opiáceos es realista cuando se aborda con un plan clínico y acompañamiento. La fase de abstinencia es la más exigente y es justo donde más importa no estar solo; superada esa etapa, el cuerpo se estabiliza y se puede trabajar lo que sostenía el consumo. El objetivo no es solo dejar la sustancia, sino recuperar la salud, los vínculos y la vida que el consumo había ido apagando.